Entre la claridad de una luz, y la sinceridad apartada.
Mientras las cenizas se caen, también caen saladas, y muertas. Siempre testigos de lo peor y de lo mejor. Ambigüedades si las hay.
Y dentro de lo mejor de un sueño, jamás cumplido, y la sobriedad de la noche fría que aplaca hasta el más joven de los árboles.
La mirada del adiós, siempre es algo recurrente a los ojos de la verdad, cuando el corazón pide tiempo y agua, solo para poder seguir.
Ni una simple nota, que puede hacerte reír, ni la siguiente cuota de sed, que vence hasta lo ultimo de tus instintos. Te deja subir, te caes y te levantas.
Un calor eterno, con momentos de cama y abrazos, donde las miradas valían mas que las mismas palabras. Donde un helado generaba risa, donde una película daba sueño, donde los árboles eran protectores de soles hostiles que sonrojaban tus mejillas y las mías. “Hay luna llena mi amor, nos vamos a enamorar”.
Un cantero marcó la historia repleta de flores y abejas, dispuestas a pinchar toda nube inspiradora, que pudiera decirte cuando y donde, podías esconderme el corazón. Donde un simple sillón podía encerrar tanta belleza escondida en un mar de hormonas exaltadas, donde te lleva la vida, y donde podes correr, pero, el problema es para donde... Donde sea que estés.
(texto no tan viejo, recuperado al azar)
jueves, junio 21, 2007
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