lunes, mayo 10, 2010


Un etcétera de problemas que son, siempre imposibles de controlar. Perdemos la cordura al principio, hay desesperación, un corazón agitado.
De eso hablaba la rica historia de este silencio barrial, un arrastrón de plataforma contra el suelo aspero, percudido. Había frío ahí, a pasos de los irreales refugios para esperar, sin embargo, era imposible no querer estar allí.
Caminaba casi rendido, apoyándome sobre todo lo que soy, era yo conmigo mismo, sosteniendo una situación, creando el vacío, destruyendo todo. Así funcionaba por dentro, por fuera era sencillo, libertad a los pensamientos y música. Música del alma, para nutrir el patrimonio de sensaciones, hambrientas de orgullo y simpleza,
alimentándose también de si mismas, compartiendo partituras de sólidos acordes, música para estallar y volar.
Y en la cabeza, acción. Real, acción terminada, el punto final de un misterioso pesar. Estaremos ahí cuando el fuego de su primer paso. No es en conjunto como la vida decide que ruta tomar, habrá un giro.
Voy a estar dentro, preparado. Juntando hilos para el cuerpo calentar.


No hay comentarios.: