jueves, agosto 25, 2011

Nada de novelas. Nada de relatos, historias o poemas. Realidad, hechos, momentos que fueron buscados, encontrados, prometidos y conservados. Vivirlo no es lo mismo que imaginarlo. Tomar a la historia, querer ser parte de ella, confirmar a cada beso una escultura de descontrol, sin ningún tipo de traba, realizarse y confiar en los sentidos, ser lo más libre que puede, dominar la parte más fervorosa, sentir una simbiosis extraña, compatirla.
El libertinaje, cosa detestada por los hombres nuevos, el cambio total, ambicionar hasta ahogar al tiempo, hacerlo sentir ínfimo hasta los huesos, partir en miles de pedazos cada costado de un incidente sin razón, el punto más alto de sobriedad y la sorpresa de saberse extraños. Aniquilar cada duda con caricias, arruinarle el plan al destino, jugar un poco más de contra, ilusionarse hasta que se termina el contrato.
Un martes, donde la rutina esta empezando a acomodarse,es cuando vemos al día quieto pero no sin sabor, bañado por la justicia, siempre un motor fuera de borda. La experiencia, sumarle a la misma datos para contar, efímeros sonidos, la soledad de la cama y el curioso bienestar. Sin dolores, sin amores, sin conectar más allá del ámbito y conocimiento de causa, hablarle al viento de una curiosa madrugada, aprender a liberar, dejar ir.
Las condiciones al comienzo, las pautas durante y el refrescar estas referencias que previenen a la cuestión de tanto embrollo dando vuelta. La verdad y la contracara, el crimen sin víctima, el arma más seductora de todas.
Sin mediar palabra una vez más, se repite, se aburre, intenta y canaliza la posibilidad, hay mucho más por descubrir en todo el tiempo que demande, que quizás nos descubra a nosotros mismos. Mientras, sugieren relajar, abandonar el camino que hace que te muevas y sonrías, como un guiño de lo que viene y un abrazo de lo que se fue, seguimos buscando y estirando hasta que la soga se rompa y tengamos que volver a ser personas que vuelvan a ofrecer su corazón, sintiendo la necesidad natural de sentirse plenos, locos y en compañía.


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