Era una mezcla de pena, de que hay mucho en común con una persona que obviamente no conozco y ni siquiera conoceré en lo que me resta de camino. Fue una rareza sin dudas, pequeñisima, pero rareza al fin.
Y hablaba de mí, como un ente, hablaba sin querer, soñaba con la igualdad eterna por el fin de los días, pero para utopías tenemos nuestros países y su forma de ver las cosas.
Quería su arte, saber que era parte de su vida, cuales eran esos sueños, los malos tratos que había sufrido, circunstancias de esos problemas, soluciones a largo plazo, desinterés.
Lo que mierda sea, algo estaba bien y algo no, pero: ¿que carajo iba a saber?. Tildado de enfermo, idiota y soñador, puede seguir haciendo lo que realmente le gusta sin siquiera jactarse de que están pensando los demás, buscando en ese ser tan lejano la cercanía, el valor para ponerle la actitud suficiente y superar esas cosas que la gente normal no puede, el hecho de ser así, único.
Son tiempos de karma, de silencios indefinidos. Viajaba más de la cuenta (esa sensación mágica de no saber adonde ir) con o sin él, pero lo hacía, tomando las riendas de su vida, manejándola a su antojo como cada ser libre puede.
Una revelación de compañerismo también, invadía los pensamientos, creyendo que el perdón es divino, sin siquiera redimirse de sus actos, ¿ante quién habría de hacer valer su redención?; mientras tanto el humo se iba en diagonal hacia la izquierda, mudándose hasta el más remoto placer de desaparecer.
Y así, otro día se iba y tomaba los días como esos que te despiertan, y te dan la manera y el motivo para volver a casa, para despedirse de esos que, a pesar de llevarte a un estado de fastidio y enojo, son fundamentales para esto que está pasando, el triángulo clave de estas sensaciones. El estado vivo, de camino jodido y trascendental.
Disfrutando esas cosas que tal vez no vaya a volver a ver, porque es ahora y no después.
Y ahora está acá, cuidando de ellos, cubriendo sus almas, atravesando esa pared hueca de ausentismo, teniendo lo que no todos tienen, de eso solo de eso se trataba. (Al menos por hoy)
Quería su arte, saber que era parte de su vida, cuales eran esos sueños, los malos tratos que había sufrido, circunstancias de esos problemas, soluciones a largo plazo, desinterés.
Lo que mierda sea, algo estaba bien y algo no, pero: ¿que carajo iba a saber?. Tildado de enfermo, idiota y soñador, puede seguir haciendo lo que realmente le gusta sin siquiera jactarse de que están pensando los demás, buscando en ese ser tan lejano la cercanía, el valor para ponerle la actitud suficiente y superar esas cosas que la gente normal no puede, el hecho de ser así, único.
Son tiempos de karma, de silencios indefinidos. Viajaba más de la cuenta (esa sensación mágica de no saber adonde ir) con o sin él, pero lo hacía, tomando las riendas de su vida, manejándola a su antojo como cada ser libre puede.
Una revelación de compañerismo también, invadía los pensamientos, creyendo que el perdón es divino, sin siquiera redimirse de sus actos, ¿ante quién habría de hacer valer su redención?; mientras tanto el humo se iba en diagonal hacia la izquierda, mudándose hasta el más remoto placer de desaparecer.
Y así, otro día se iba y tomaba los días como esos que te despiertan, y te dan la manera y el motivo para volver a casa, para despedirse de esos que, a pesar de llevarte a un estado de fastidio y enojo, son fundamentales para esto que está pasando, el triángulo clave de estas sensaciones. El estado vivo, de camino jodido y trascendental.
Disfrutando esas cosas que tal vez no vaya a volver a ver, porque es ahora y no después.
Y ahora está acá, cuidando de ellos, cubriendo sus almas, atravesando esa pared hueca de ausentismo, teniendo lo que no todos tienen, de eso solo de eso se trataba. (Al menos por hoy)
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