sábado, diciembre 19, 2009

Hubo un llanto, desprolijo; La ciudad le abría sus brazos una vez más, le daba ánimos, le daba en que pensar.
En estados de libre espiritu, en tiempos donde la algarabía es más que los problemas que uno aqueja o tiene, la mayoría de los humanos siente la necesidad de correr, libre, sin dirección, como si la explicación a esto sea simplemente una sonrisa en cualquier momento del día.
Es por eso que a veces despierta con la duda, con un temor que convive con él, prácticamente es aún más seguidor que su sombra, un fanatismo obsoleto. Ha pasado mucho tiempo y a la vez, las situaciones fueron amedrentando que fuera siempre el que vieron por primera vez, fuera de ese contexto podría disfrutar de otras melodías dulces, música de camaleones, el simple hecho de reír por la continuación de algo que nunca iba a tener sentido, su humor estaba en su lugar, se encontró solo, sin siquiera buscarse.
Y el clima, la constante para alternar estados, ya sea físicos o emocionales, abundan en la tierra de los mil y un traumas, llevando acabo un sentimiento en el que puede descifrarse, es el techo de la alegría.
Ahora esta así, sin entender, con millones de preguntas que no pueden responderle, con la agitación de saber cuál es el próximo momento que deba bancarse.
El, que no fue hecho para esos momentos, sabe que la dosis mínima le abre la puerta a la fantasía, usa su imaginación, sufre y disfruta, habría que preguntarle también, si es posible que algún día, la combinación de sus corazones pudiera darle la tranquilidad y el equilibrio que tanto le hace falta.
El no quiere librarse de su cable a tierra, es todo un tema de crecer.

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