lunes, febrero 15, 2010


Es tan pacífico como abstinente de una caricia eterna, improbable, suavemente destruido por el paso de millones de vagones. Se desdibuja en el aire, cerca de una verde conexión, baila como humo entre humos, despidiendo por el rato a la libertad que ellos representan.
A medida que la desesperación afectaba al sistema, el presente buscaba el sueño perfecto, la alegría de estar entero para una ocasión especial, distinta o absurda. Maniatado por fotografías divinas, melodías que suenan hace ya más de 30 años en cualquier parlante, podría esta vez escuchar al viento y pedirle simplemente paciencia, esas cosas que no se pueden alquilar ni mantener, como la calma. Siempre voy a tener un huracán dispuesto a sacar todo de raíz para volver a empezar de cero, aunque sea inútil para ciertas cosas, todavía confío ciegamente en mis instintos, que derraman optimismo para seguir, tal vez vivir conmigo no sea tan difícil como yo imaginaba.


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