Mi té es dueño de lo que nunca jamás pude tener. La calma, la serenidad y el alivio.
Complementado con un sabor agridulce, la miel de la esencia misma.
La escena volvió a fallar, y el espíritu es frágil ante la tempestad emocional.
Sin variantes en los cambios, la libertad deja de ser tan célebre como antes, pide tranquilidad y descanso; el parlante que te refleja te da la pauta de que es tiempo de dejar de hacer o decir, dejar de pensar o actuar...solo a tomar tu té, que brinda paz.
Y ya no hay nada más que hablar, salir de la corriente y pensar en las cosas que están alrededor, por un capricho pude haber arruinado parte de algo que podría haber salido bien. Por el castigo de toda la vida, me tiene atado a algo que no necesito ni busco, simplemente quiero recuperarme para tirar todo e imaginar que nunca existió, que no pasó y que no tiene que volver.
Suenan extraños los tiempos.
Sueña el sueño soñador.
(texto encontrado, no recuerdo de que fecha)
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